Una pequeña tienda de golosinas situada en el carrer Ultònia de Girona se ha convertido en un punto de referencia para varias generaciones del barrio. Consol Sobrerroca, de 61 años, lleva 24 años al frente del establecimiento, un local de apenas 12 metros cuadrados que ha resistido a los cambios del comercio y a la competencia de la venta online.
Un comercio con historia y vínculos personales
La propietaria adquirió la tienda tras dejar su empleo en una fábrica de embutidos y comprar el local a una madre de la escuela de su hija. Desde entonces, su mostrador ha sido testigo de confidencias y rutinas de los vecinos. Sobrerroca recuerda que, tras la muerte de su marido por un infarto cuando su hija tenía siete años, los clientes le llevaban comida para asegurarse de que se alimentara. La tienda fue su refugio y le permitió no quedarse encerrada en casa.
La relación con los clientes va más allá de la venta. Son habituales las notas de afecto que encuentra bajo la puerta, especialmente de niñas de ballet o de personas que no han podido coincidir con el horario de apertura. La fidelidad es constante. Muchos clientes habituales solo necesitan decir "Consol, allò meu" para que ella sepa exactamente lo que buscan.
Preferencias, rutinas y nuevas costumbres
Las mañanas son territorio de personas mayores que acuden al mercado y aprovechan para comprar caramelos. Según la propietaria, vuelven cuando se les acaban, normalmente al cabo de una semana. Los adolescentes, en cambio, tienen predilección por las golosinas ácidas, especialmente las llaves y las lenguas rojas. Sobrerroca señala que los jóvenes le cuentan antes a ella que a sus madres quién les gusta y que acuden a la tienda para compartir confidencias.
"Los jóvenes me dicen antes a mí que a su madre quién les gusta" - Consol Sobrerroca, propietaria
La tienda también es testigo de las restricciones que imponen algunos padres a los niños pequeños, que suelen elegir solo dos o tres golosinas. Sin embargo, Sobrerroca observa que quienes han tenido más limitaciones en la infancia son los que, ya adolescentes, compran bolsas más grandes. Durante los exámenes, la demanda de azúcar aumenta y los estudiantes piden golosinas para sobrellevar el esfuerzo.
El impacto de la venta online y la adaptación al mercado
La propietaria lamenta que cada vez más personas compren caramelos y golosinas por internet, tanto en grandes plataformas como en otros portales. Considera que la sociedad busca la comodidad y que si pueden recibir una bolsa de un kilo en casa, prefieren no desplazarse. Este cambio ha obligado a adaptar el negocio. Antes, cada golosina costaba cinco céntimos, pero ahora se venden al peso debido al encarecimiento de los productos.
La calidad y la frescura siguen siendo el sello de la tienda. Sobrerroca afirma que cada día rellena los compartimentos para garantizar que el producto esté en óptimas condiciones. Muchos clientes aseguran que las suyas son las mejores golosinas de Girona.
El futuro de la tienda, aún sin decidir
Después de más de dos décadas al frente del negocio, Consol Sobrerroca reconoce que todavía no ha tomado una decisión sobre su jubilación. Mientras tanto, continúa conociendo a la perfección los gustos de sus clientes y ofreciendo novedades para que descubran nuevos sabores. La tienda del carrer Ultònia sigue siendo un punto de encuentro y confidencias en el centro de Girona.