Los carruseles de la plaça Salvador Espriu de Girona han cerrado de forma definitiva después de 70 años de concesión, y la instalación ya ha sido desmontada. El histórico negocio, muy vinculado a varias generaciones de familias de la ciudad, baja la persiana por la jubilación de la familia Notario Ros, propietaria de la atracción.
Fin a una concesión histórica en Girona
La desaparición de los llamados cavallets pone fin a una presencia muy conocida en este punto de Girona. Antes de su etapa en la plaça Salvador Espriu, los carruseles habían estado instalados en el Jardí de la Infància, otro espacio muy ligado al ocio infantil en la ciudad.
La decisión la ha tomado la familia Notario Ros por jubilación, sin continuidad para mantener la actividad. Con el desmontaje ya completado, el espacio queda sin una de las atracciones más reconocibles de la zona.
Las dificultades del negocio en la etapa final
En los últimos tiempos, el Ajuntament de Girona había pedido una serie de modificaciones en la instalación. Entre ellas, ocultar parte del cableado y reparar algunos volantes de los coches, actuaciones planteadas en la recta final de la concesión.
Pere Ros, nieto del fundador, resumió también las dificultades de funcionamiento del negocio en los últimos años.
"Abríamos de jueves a domingo y, si hacía mal tiempo, ya no venía nadie" - Pere Ros, nieto del fundador
Los carruseles ya han sido retirados por completo, cerrando así una etapa de siete décadas en Girona. Su marcha deja atrás un negocio familiar que había pasado por distintos emplazamientos de la ciudad y que formaba parte del paisaje cotidiano de la plaça Salvador Espriu.