Las intervenciones policiales aumentaron tras el cambio de perfil en las ocupaciones

“Víctima” del deterioro: así definen el estado del edificio en Ferran Puig

05 de abril de 2026 a las 12:42h
Las intervenciones policiales aumentaron tras el cambio de perfil en las ocupaciones
Las intervenciones policiales aumentaron tras el cambio de perfil en las ocupaciones

La ocupación de la treintena de pisos de los números 13 y 15 de la ronda Ferran Puig de Girona, entre la plaza Marquès de Camps y las vías del tren, ha derivado en un cambio de escenario en la zona desde principios de agosto de 2024, cuando empezaron a entrar personas a vivir en el inmueble. En pocos días, los dos bloques quedaron completamente ocupados.

Con el paso de los meses, la tipología de las ocupaciones ha variado. En un primer momento, los pisos estaban habitados sobre todo por familias o por personas que buscaban un lugar donde dormir. Después se detectó la llegada de personas con antecedentes y perfiles vinculados a la delincuencia, conocidas por cometer hurtos y otros delitos, una evolución que ha ido acompañada de un aumento de las intervenciones policiales en este punto de la ciudad.

Más incidentes y tensión en el entorno

El contexto reciente de la ronda Ferran Puig está marcado por varias peleas y por la aparición de armas de distintos tipos. Antes, en la zona se detectaban como mucho episodios puntuales de tráfico de marihuana. Algunos intentos de ocupación de alguna de las puertas del edificio también han acabado en altercados.

Este cambio de perfil se relaciona en parte con la desaparición o transformación de otros espacios donde se refugiaban estas personas. Entre ellos figuran la demolición de las naves de la carretera de Barcelona y el inminente desalojo de la antigua fábrica Simon. El derribo de ese mismo complejo también aparece como uno de los factores que habrían empujado a parte de esta población hacia otros puntos de Girona.

Un edificio pendiente de derribo desde hace más de dos décadas

El inmueble de la ronda Ferran Puig 13 y 15 arrastra desde hace años una situación urbanística marcada por la revisión del Pla General aprobada en 2002. Entonces se decretó que el edificio debía ser derribado. La perspectiva sigue siendo la demolición, aunque todavía no existe un calendario fijado.

En aquella revisión urbanística se consideró que, en distintos puntos del entorno de la vía del tren, hacían falta espacios de respiro. El planeamiento dibujaba amplias zonas para peatones en la confluencia de las calles Tomàs Mieres, Bonastruc de Porta, Bernat Boades y la ronda Ferran Puig.

De la degradación del inmueble a las quejas vecinales

Con los años, los residentes del edificio fueron marchándose. También abandonó el primer piso una academia de refuerzo y formación. En los bajos funcionaban un restaurante chino y una tienda de electrodomésticos, que acabaron cerrando o trasladándose a otros puntos de la misma calle.

El edificio se fue degradando progresivamente. La caída de elementos de la fachada y de los balcones obligó a instalar redes para evitar riesgos a los peatones. A medida que avanzaba este deterioro, los vecinos empezaron a denunciar ruidos, tráfico de drogas y problemas con los suministros de agua y luz.

Las quejas también alcanzaron el estado sanitario del inmueble. Los vecinos alertaron de graves deficiencias de salubridad a raíz de una tubería de aguas fecales reventada. En este contexto, el bloque ha acabado convertido en una

"víctima"

de un deterioro prolongado y de una ocupación que ha cambiado de perfil hasta agravar la conflictividad en este punto de Girona.
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