El aumento de la temperatura del agua del mar ya está dejando efectos en la costa de Girona y la situación empeora año tras año. El calentamiento del Mediterráneo en el litoral gerundense se sitúa como una de las consecuencias del cambio climático con impacto directo sobre los ecosistemas marinos y sobre las zonas habitadas más próximas a la costa.
Blanqueamiento de corales y alteración de los hábitats
Uno de los efectos más visibles es el blanqueamiento de los corales. Cuando sube la temperatura del agua, el coral expulsa las algas simbióticas conocidas como zooxantelas, responsables de su coloración y de buena parte del aporte energético que necesita para sobrevivir. Ese proceso puede acabar provocando la muerte masiva de arrecifes y comprometer la biodiversidad marina.
El calentamiento del mar también altera los hábitats naturales de numerosas especies. Algunas pueden desplazarse hacia aguas más frías, pero otras quedan en una situación de mayor vulnerabilidad y pueden verse amenazadas o incluso desaparecer si no logran adaptarse a las nuevas condiciones.
Más presión sobre la costa y sobre los recursos marinos
El incremento de la temperatura del agua contribuye además a la subida del nivel del mar por una doble vía. Por un lado, la dilatación térmica del agua. Por otro, el deshielo de glaciares y de las capas de hielo polar. Ese ascenso del nivel del mar aumenta el riesgo de inundaciones, erosión costera y pérdida de tierras habitables en comunidades situadas junto al litoral.
La temperatura del mar influye también en la circulación oceánica, un mecanismo clave en la regulación del clima global. Si cambian esos patrones de circulación, pueden alterarse climas regionales y verse afectada la disponibilidad de recursos marinos, entre ellos los peces, con consecuencias directas sobre el equilibrio ecológico y sobre las actividades ligadas al mar.
Áreas muertas en expansión
Otro de los efectos asociados al calentamiento del agua es el agravamiento de las llamadas áreas muertas del océano. El aumento de temperatura favorece la descomposición de materia orgánica y reduce la solubilidad del oxígeno en el agua, dos factores que empeoran estas zonas con escasa presencia de oxígeno.
Las áreas muertas están creciendo en número y en tamaño, con impacto sobre los ecosistemas y sobre las pesquerías. En un territorio costero como el de las comarcas de Girona, la evolución de estos indicadores apunta a un escenario de creciente presión ambiental.
La advertencia es clara. El calentamiento del agua del mar puede generar problemas muy graves en la costa gerundense, tanto por la degradación de los fondos marinos como por los efectos acumulados sobre el litoral y las especies que dependen de él.