La Fundació Pere Tarrés ha presentado su estudio anual sobre las condiciones de vida de las familias beneficiarias de las becas de verano de 2025 y dibuja un empeoramiento de la situación económica de los hogares atendidos. La renta media anual por persona se sitúa en 6.152 euros, mil euros menos que el año anterior.
El informe también recoge que la renta media de las familias analizadas es de 13.293 euros anuales, lo que supone un descenso de 2.300 euros respecto al ejercicio anterior. La entidad alerta de que buena parte de estos hogares afronta un contexto de vulnerabilidad sostenida, justo antes de una etapa del año en la que el acceso a actividades educativas y de ocio depende a menudo de ayudas externas.
Más hogares bajo el umbral de pobreza
Ocho de cada diez familias becadas se encuentran por debajo del umbral de pobreza. A eso se suma que seis de cada diez están en situación de pobreza severa, con ingresos inferiores al 60 % de la media de los hogares catalanes.
"Los hogares están sufriendo situaciones muy complejas y vulnerables"David Lozano, coordinador de proyectos de estudios de la Fundació Pere Tarrés
La radiografía que hace la fundación apunta a una mayor fragilidad económica entre las familias que solicitan estas ayudas. El descenso de ingresos, tanto por persona como por unidad familiar, consolida una tendencia que impacta de forma directa en la capacidad de asumir el coste de actividades durante el verano.
Más de siete mil niños becados
El año pasado la Fundació Pere Tarrés becó a 7.146 niños, de los cuales 2.076 se encontraban en la ciudad de Barcelona. La cifra da una idea del volumen de menores que dependen de estas becas para participar en casales y otras propuestas estivales.
"Hablamos de niños que, si no les becamos en verano, se pasarían el día en casa. Esto hace que tengan beneficios relacionales y emocionales al pasar tiempo con el resto de compañeros"David Lozano, coordinador de proyectos de estudios de la Fundació Pere Tarrés
La entidad remarca que estas ayudas no solo cubren una necesidad económica. También permiten que muchos menores mantengan espacios de convivencia, socialización y acompañamiento durante los meses de vacaciones, en un contexto en el que la precariedad de los hogares sigue aumentando.