Una acogida legal le cambió el nombre por una década de trabajo sin sueldo en la Alta Ribagorça

Bustos fue entregado a ganaderos bajo la ley franquista y vivió diez años con identidad falsa y sin paga. Tras descubrir su nombre real en la mili, lleva 60 años buscando a sus tres hermanos.

13 de mayo de 2026 a las 14:02h
Una acogida legal le cambió el nombre por una década de trabajo sin sueldo en la Alta Ribagorça
Una acogida legal le cambió el nombre por una década de trabajo sin sueldo en la Alta Ribagorça

Roberto Bustos Morales pasó una década en una hacienda de Viu de Llevata, en la Alta Ribagorça, con un nombre que no era el suyo y sin salario por las jornadas que asegura que hacía desde niño. Hoy, desde la residencia de Castejón de Sos, sostiene que fue entregado por la Casa Sant Josep de Tarragona a un matrimonio de ganaderos bajo una acogida temporal y que allí vivió “como a un esclavo”.

La paradoja de su caso aparece en los propios papeles que ampararon aquella entrega. La legislación franquista permitía que un menor quedara en una familia hasta la mayoría de edad sin contrato ni compensación económica, una fórmula presentada como acogida y que, en el relato de Bustos, terminó separándole para siempre de sus tres hermanos y borrando su identidad durante años.

Roberto Bustos descubrió al ir a la mili que no se llamaba Andrés Muñoz Alcolea

Bustos explica que salió del orfanato cuando tenía diez u once años. “Me vinieron a sacar del orfanato cuando tenía diez u once años. En febrero cumplí 73, así que hagan la cuenta del tiempo que ha pasado”, relata desde la residencia de Castejón de Sos, en la Ribagorça.

Durante ese tiempo vivió en Viu de Llevata bajo la identidad de Andrés Muñoz Alcolea. Su nombre real era Roberto Bustos Morales, nacido en Madrid el 3 de febrero de 1953, hijo de Felisa y de padre desconocido, un dato que conoció al tramitar la documentación cuando fue llamado a filas para el servicio militar.

Hasta entonces, asegura, había sido apartado de sus hermanos José, Manolo y Gregorio. También sostiene que el cambio de nombre no coincidía ni con los apellidos de su madre ni con los de la familia que lo acogió en la hacienda.

La Casa Sant Josep de Tarragona, fundada en 1912, estaba dirigida en los años 60 por mossèn Prefecte Cabré. Fue ese centro el que entregó al menor al matrimonio de ganaderos de Viu de Llevata mediante la figura de acogida temporal o colocación familiar prevista por la normativa de la época.

La acogida legal no incluía contrato ni sueldo y Bustos relata jornadas en la cuadra hasta la madrugada

Según esa figura legal, el Tribunal Tutelar podía confiar a un niño a una familia hasta su mayoría de edad sin contrato ni compensación económica. Bustos afirma que en la práctica aquello supuso trabajar en la explotación sin cobrar durante diez años.

En su relato, las jornadas empezaban a las cinco de la mañana y podían alargarse hasta las once de la noche o la una de la madrugada. Cuenta que dormía en los establos cuando paría un animal y que trabajaba de lunes a domingo con unas 50 vacas, a las que ordeñaba, daba de comer, limpiaba y sacaba al monte.

"Unos padres adoptivos no te ponen a trabajar desde las cinco de la mañana hasta las once de la noche. A veces era la una de la madrugada y seguía en la cuadra" - Roberto Bustos Morales

Bustos también describe una vida separada del resto de la casa. Dice que la familia comía en el comedor mientras él lo hacía en la cocina, que a veces no recibía la misma comida y que lo ocultaban cuando llegaban amistades. Añade que al principio ni siquiera le llevaron a la escuela.

La madre de acogida ofreció una versión distinta cuando fue entrevistada en su casa de El Pont de Suert con 86 años. Afirmó que el menor había llegado por una “adopción temporal” gestionada por un cura de Tarragona amigo de la familia y negó que hubiera sido tratado como mano de obra.

"Le tratábamos como a un hijo y estaba muy feliz en nuestra casa hasta que unos vecinos de la aldea le llenaron la cabeza de pájaros y le empezaron a decir que lo usábamos como a un esclavo" - madre de acogida entrevistada en El Pont de Suert

La mujer sostuvo además que conservaban la documentación y que “lo hicimos todo legalmente”. En su relato, mossèn Prefecte Cabré le había explicado que el padre del niño iba a buscarle, le pegaba y se lo llevaba para pedir limosna antes de devolverlo al orfanato.

Tras saber cuál era su identidad verdadera, inició una búsqueda de sesenta años para localizar a José, Manolo y Gregorio. Ese recorrido empezó después de que le rechazaran cuando intentó pedir información en la puerta del orfanato de Tarragona.

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