El cambio climático ampliará en Catalunya el área donde podrán cultivarse especies mediterráneas como el almendro, el olivo o el naranjo, pero esa expansión llegará acompañada de una mayor dependencia del riego. El informe Modelando los impactos del cambio climático en el área potencial de cultivo y déficit hídrico en cinco cultivos mediterráneos, elaborado por expertos para la consultora Pigall, prevé cambios de calado en la producción agraria.
La paradoja que describe el estudio es clara. Mientras las reservas embalsadas superan hoy el 85% de capacidad, las necesidades hídricas de los cultivos en Catalunya aumentarán un 16% entre 2031 y 2050, más del doble de la estimación previa del 7%, y los niveles de nieve ya están en umbrales de sequía tras un invierno de récord.
El almendro ganará un 19,4% de superficie viable y la cebada dependerá del riego
El documento sostiene que el aumento de temperaturas y la reducción de precipitaciones no recortarán el área potencial de ninguno de los cultivos analizados. Al contrario, abrirán la puerta a implantarlos en zonas que hasta ahora eran demasiado frías, siempre que puedan cubrirse las demandas de agua.
"Todos los cultivos tendrán más área de cultivo potencial, pero dependerán más de la disponibilidad de riego" - Informe Modelando los impactos del cambio climático en el área potencial de cultivo y déficit hídrico en cinco cultivos mediterráneos, consultora Pigall
En ese escenario, el almendro aumentará su superficie viable un 19,4%, el olivo un 7,2% y el naranjo un 12,2%. El estudio sitúa proyecciones de cultivo de almendro en buena parte de la Noguera y el Solsonès, de olivo en el Alt Urgell y los Pallars, y de naranjo en Les Garrigues.
La adaptación no será igual en todos los casos. El almendro requerirá variedades de floración tardía y también híbridos para estaciones más cortas, mientras el olivo seguirá siendo viable como secano en el 41,8% del territorio, aunque las zonas donde el riego será obligatorio crecerán un 15,4%.
En los cultivos extensivos, el impacto será más restrictivo. La cebada podrá cultivarse en toda la demarcación salvo en las zonas más altas de Aran, Pallars Sobirà y Alta Ribagorça, pero no sobrevivirá sin riego en el llano y el 45% de la tierra que hoy se dedica a este cereal necesitará irrigación.
Aún más exigente será el cultivo intensivo de cebada, que requerirá riego en el 75% de la superficie viable. A la vez, los suelos de secano perderán productividad para la alfalfa, con caídas también en zonas que ya precisan agua por el escaso margen económico del cultivo.
El llano y el Pirineo afrontan más calor y menos lluvia entre 2031 y 2050
Las proyecciones climáticas que maneja el informe apuntan a un aumento medio de 1,9 grados en verano y 1,7 en otoño en el llano. En el Pirineo, el alza será de 1,9 grados en verano, 1,8 en otoño y 1,4 en invierno.
Si se amplía la serie a medio siglo, el incremento roza los 3 grados en verano y se mueve entre 1,8 y 2,1 grados en invierno. Ese registro supera el umbral de 2 grados fijado por el IPCC de la ONU para el periodo 1850-2100.
También caerán las precipitaciones. El descenso previsto va del 1,1% al 1,8% en invierno y del 8,4% al 11,5% en el resto de estaciones, una evolución que extenderá el régimen térmico subtropical y hará del mediterráneo semiárido el patrón de humedad más frecuente.
Ese aumento de temperaturas ya tiene reflejo en la salud pública en las comarcas de Lleida. Entre 2021 y 2025 murieron 167 personas por calor, con una media de 33 fallecimientos al año y un rango de entre 23 y 51, frente a la media anual de 25 registrada entre 2016 y 2020.
El informe añade que los cereales de secano en el llano verán comprometida su viabilidad y que la implantación de forrajes, frutales, almendros y olivos en zonas de media montaña y del Pirineo chocará con la falta de infraestructuras de riego, pese a que las reservas embalsadas superan actualmente el 85% de capacidad.