Marta Lacambra ejerce su liderazgo desde el despacho de La Pedrera en Barcelona. Nacida en Tánger en 1957, dirige la Fundación Cataluña La Pedrera con una visión clara sobre el papel del patrimonio.
Hemos convertido el patrimonio de Gaudí en una herramienta de retorno social, afirma la directiva al explicar la esencia de la entidad constituida como organización privada en 2013.
El motor económico del edificio modernista
La fundación es heredera de la antigua obra social de Caixa Cataluña y reinvierte los ingresos de sus espacios en proyectos sociales y culturales. La gestión turística resulta vital para sostener esta estructura sin ánimo de lucro.
"Sería muy poco inteligente no cuidar a la gallina de los huevos de oro" - Marta Lacambra, directora de la Fundación Cataluña La Pedrera
Aproximadamente un millón de personas visitan La Pedrera cada año, aunque el aforo máximo se sitúa cerca del millón doscientos mil visitantes anuales. El perfil del turista es abrumadoramente extranjero.
El 90% de los visitantes del edificio son internacionales. Esta realidad obliga a disponer de audioguías en catorce idiomas para atender a un público tan diverso.
Tensiones urbanas y regulación administrativa
Barcelona supera los 26 millones de visitantes anuales, una cifra que genera debates intensos sobre la convivencia y el uso del espacio público. La presión turística afecta directamente a la vida en los barrios.
Lacambra deslinda la responsabilidad de la gestión patrimonial de la planificación urbana general. Considera que las decisiones macroscópicas corresponden a los poderes públicos.
"Las políticas de turismo, la regulación o la planificación corresponden a las administraciones" - Marta Lacambra, directora de la Fundación Cataluña La Pedrera
Su aspiración futura es que el modelo se entienda en su totalidad. La fundación busca complementar las misiones públicas en ámbitos críticos como la educación o la salud.
Impacto territorial más allá de Barcelona
Los equipamientos gestionados incluyen Món Sant Benet y varios espacios naturales como el Congost de Mont-rebei. La acción social se extiende por todo el territorio catalán mediante iniciativas concretas.
La Escuela Oms y de Prat en Manresa representa uno de los proyectos educativos desarrollados por la entidad. También participan en investigación alimentaria a través de la Fundación Alícia.
El programa de Alzheimer tiene como objetivo llegar a los 5.000 participantes según el plan estratégico actual. Además, la iniciativa de inserción laboral MANS forma parte de sus proyectos sociales.
Se está trabajando en la transformación de Planes de Son en un eco-lodge para dinamizar el Pirineo. Esta expansión busca equilibrar la concentración de recursos en la capital.
Lacambra sugiere como deseo estructural que el valor se distribuya mejor por el territorio. Menciona que la Sagrada Familia también destina parte de sus ingresos a fines sociales similares.
La relación con el público local se fortalece mediante programación expositiva de alto nivel. La última exposición Les Nabis reúne obras difíciles de contemplar en otras salas barcelonesas.
La institución colabora en red con el Liceu y el Palau de la Música. Estas alianzas refuerzan el tejido cultural frente a las tensiones que el turismo masivo provoca en la ciudad condal.