La nieve acumulada en el Pirineo de Lleida se ha desvanecido a una velocidad alarmante durante las últimas semanas. Las reservas pasaron de 772,2 hm3 a 246,7 hm3 entre el 6 y el 27 de abril según los datos oficiales.
La Confederación Hidrográfica del Ebro confirma que la merma total alcanzó los 525,5 hm3 en apenas veintiún días. Esta reducción masiva no se debe únicamente al deshielo habitual que alimenta los ríos.
La atmósfera devora la nieve
Una parte significativa del manto nival no llegó a convertirse en agua líquida. 149,3 hm3 se esfumaron directamente a la atmósfera mediante el proceso de sublimación.
Este fenómeno físico transformó el hielo en vapor sin pasar por estado líquido debido a la intensa radiación solar registrada desde finales de marzo. Las mayores pérdidas por esta vía ocurrieron en la cabecera del Segre.
"Superando los 50 hm3" - Confederación Hidrográfica del Ebro
El volumen evaporado equivale a casi duplicar la capacidad total del embalse de Oliana. La cifra resulta impactante si se compara con los 85 hm3 que puede almacenar esta infraestructura hidráulica.
Embalses lejos del colapso
A pesar de la drástica reducción del manto nival, los embalses mantienen niveles aceptables. Los sistemas del Segre y el Pallaresa superan el 85 por ciento de acumulation de agua.
Por su parte, los embalses del sistema Noguera Ribagorza alcanzan el 75 por ciento de su capacidad. El pantano de Canelles presenta una situación especialmente favorable.
"La lámina de agua está a 7 metros del máximo" - Datos de explotación
Esta resistencia de los embalses contrasta con la rapidez con la que desaparece la reserva natural en las cumbres. La acumulación de nieve este invierno comenzó dos meses después de lo habitual.
El pico máximo se registró en febrero con más de 2.000 hm3. Ahora, las reservas de abril a mayo se sitúan como las más escuetas del siglo.
Esta situación solo queda por debajo de los periodos de sequía extrema vividos entre 2022 y 2024, así como en 2005-2007 y 2011-2012.
Demanda agrícola en aumento
Los estudios proyectan un escenario futuro donde la disponibilidad de agua disminuirá mientras la demanda crece. Un informe del Cedex prevé que para 2050 las aportaciones de los sistemas fluviales de la cuenca caerán un 12,5 por ciento.
Simultáneamente, los cultivos necesitarán más recursos hídricos. Los primeros trabajos del Plan Hidrológico del Ebro cuantificaron preliminarmente un incremento del 7 por ciento en las necesidades agrícolas para mediados de siglo.
Investigaciones más recientes disparan estas estimaciones. La Universidad de Castilla-La Mancha eleva el incremento de necesidades hídricas de los cultivos hasta el 13 por ciento.
Otras consultoras como Pigall son aún más pesimistas y estiman ese incremento en un 16 por ciento. La brecha entre la oferta natural y la demanda humana se ensancha año tras año.
La sublimación acelerada de estas últimas semanas demuestra que el cambio climático no solo reduce la precipición, sino que altera la forma en que la naturaleza almacena y libera el agua.