Vivir solo ya es la forma de hogar más frecuente en la demarcación, con 51.323 unidades, pero ese liderazgo convive con otra realidad que tira en sentido contrario. La falta de recursos obliga a miles de personas a compartir vivienda aunque no formen un núcleo familiar propio.
Ahí está la principal contradicción de los datos. Los hogares unipersonales se han duplicado desde 2001 y triplicado desde 1991, pero superarían los 60.000 si no se descontaran 5.600 ancianos que viven en residencias geriátricas y 9.720 adultos que comparten casa por la carestía de la vivienda y la precariedad laboral.
Los hogares de una sola persona ya suman 51.323 en la demarcación
El cambio también aparece en el tamaño medio de los hogares, que ha caído un 20% en tres décadas. En 1991 había 3,14 miembros por vivienda y ahora la media es de 2,5.
Ese descenso encaja con otros indicadores demográficos. La tasa de natalidad está en 1,05 hijos por mujer y los datos del Idescat de 2021 registran más de 25.000 hogares monoparentales, de los que tres cuartas partes están encabezados por mujeres, además de una cifra cercana a las 30.000 parejas sin hijos.
Joan Ganau, profesor de geografía de la UdL, sitúa el aumento de quienes viven solos dentro de una transformación más amplia de la estructura social y demográfica. En esa evolución conviven jóvenes que intentan emanciparse, adultos que residen en solitario y un peso creciente de la viudedad.
"Los hogares unipersonales los forman básicamente personas jóvenes, o no tanto, que viven solas, y por viudas, que son ocho de cada nueve personas con ese estado civil." - Joan Ganau, profesor de geografía, UdL
La composición de los hogares también refleja el retraso de la salida del domicilio familiar. Ganau precisa que dos tercios de los menores de 34 años viven con sus padres, un dato que limita el avance de los hogares de una sola persona entre la población joven.
La falta de vivienda asequible frena el salto de miles de jóvenes a vivir solos
Ahora bien, el crecimiento se mantiene a un ritmo de más de 1.200 hogares unipersonales al año. Ese aumento lo impulsan tanto la emancipación de menores como el incremento de la viudedad.
En paralelo, la presión del mercado residencial empuja a estudiantes y jóvenes trabajadores a compartir piso. Esa fórmula reduce gastos, pero también oculta parte de la demanda real de hogares unipersonales, porque agrupa a adultos que vivirían solos si tuvieran ingresos suficientes.
Ganau subraya que esa dificultad ya no se limita a las grandes ciudades. El profesor de la UdL sostiene que el fenómeno empezó en los grandes núcleos urbanos y ya se ha extendido al mundo rural.
La evolución de las relaciones familiares también acompaña ese cambio. Cada año se celebran 1.464 bodas, frente a 41 separaciones y 647 divorcios, una cifra que equivale a la mitad de los matrimonios.
Uno de los datos más concretos del giro demográfico es precisamente ese bloqueo económico de la emancipación. Joan Ganau, profesor de geografía de la UdL, resume que dos tercios de los menores de 34 años siguen viviendo con sus padres.