En el Baix Segre, vigilantes 24/7 ante robos de cereza y albaricoque; Fernando Alcázar interceptó una furgoneta y le ofrecieron comprar la fruta

Los agricultores del Baix Segre organizan vigilancia continua para frenar sustracciones de cereza y albaricoque, cada robo busca vender rápido y con trazabilidad borrada.

04 de mayo de 2026 a las 15:51h
En el Baix Segre, vigilantes 24/7 ante robos de cereza y albaricoque; Fernando Alcázar interceptó una furgoneta y le ofrecieron comprar la fruta
En el Baix Segre, vigilantes 24/7 ante robos de cereza y albaricoque; Fernando Alcázar interceptó una furgoneta y le ofrecieron comprar la fruta

Los agricultores del Baix Segre han activado una red de vigilancia continua para proteger sus cosechas ante el aumento de sustracciones. Grupos de vigilantes con turnos de relevos cubren las veinticuatro horas del día en las fincas más expuestas.

La tensión en el campo ha escalado hasta el punto de que los propios productores interceptan a los sospechosos. Fernando Alcázar relata cómo anoche detuvo una furgoneta y sus ocupantes le ofrecieron comprar la plata que él mismo custodiaba.

"Me preguntaron a cuánto vendía el kilo de cerezas de una finca que cubría a mediados de esta semana" - Fernando Alcázar, agricultor

El objetivo de estas bandas es claro y lucrativo. Las sustracciones se concentran exclusivamente en cereza y albaricoque, dos frutas de alto valor comercial cuya recolección está a punto de comenzar.

Un negocio rápido y muy rentable

La rapidez de ejecución convierte estos hurtos en un delito de alto rendimiento para los ladrones. Óscar Moret, secretario general de Uaga en Huesca, calcula que veinte kilos de cerezas se recogen en menos de media hora.

Ese botín mínimo supone un ingreso inmediato de doscientos euros para los delincuentes. El mercado negro absorbe esta mercancía sin preguntas, integrándola en circuitos comerciales legales o semilegales.

Los precios disparan el interés criminal. El albaricoque alcanza los 25 euros por kilo en puntos de venta final, mientras que la cereza supera habitualmente los 10 euros.

En la distribución mayorista, los márgenes siguen siendo atractivos. La horquilla oscila entre 10 y 12 euros para la cereza y entre 5 y 6 euros para el albaricoque.

Robos a demanda con comprador asegurado

Expertos y afectados coinciden en que no se trata de hurtos oportunistas. Se trata de robos a demanda, acordados previamente con compradores del género o realizados por los mismos ladrones que actúan como vendedores.

"Esto se vende en fruterías y mercados o lo llevan a tiendas que lo comercializan" - Jaume Gardenyes, responsable de Fruta de UP

La trazabilidad se pierde en cuanto la fruta sale de la finca. Jaume Gardenyes, responsable de Fruta de UP, exige inspecciones rigurosas en los mercadillos para retirar la mercancía que carece de albarán o procedencia verificable.

Más allá del perjuicio económico, existe un riesgo sanitario oculto. Gardenyes alerta sobre los peligros de consumir fruta de origen clandestino que podría no haber respetado los plazos de supresión de fitosanitarios.

Presentar denuncias sistemáticas se revela como la única vía para forzar una respuesta policial contundente. Los Mossos necesitan constancia administrativa para justificar el despliegue de más efectivos en la zona.

La dificultad probatoria frena las detenciones

Capturar a estos grupos resulta extremadamente complejo para las fuerzas de seguridad. Fuentes de los Mossos explican que la clave reside en sorprender a los ladrones in fraganti, ya que probar el origen del género a posteriori es casi imposible.

La prueba solo es viable cuando el botín viaja en cajas o sacos identificables, situación común en sustracciones de almendras u olivas pero rara en fruta fresca.

La falta de embalajes distintivos en la cereza y el albaricoque facilita la mezcla con producto legal. Esta opacidad protege a las redes de distribución ilegal y desincentiva la intervención policial preventiva.

La realidad en el campo muestra un duelo desigual entre la vigilancia ciudadana y la astucia delictiva. Mientras los agricultores montan guardias nocturnas, la fruta robada encuentra hueco en los estantes antes de que amanezca.

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