Eduardo Patón Lozano figura desde el 19 de mayo en el censo de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y el franquismo que elabora el Memorial Democràtic. Su rastro documental sitúa su muerte el 4 de enero de 1939 en un municipio de Lleida, pero su familia sigue sin saber dónde falleció exactamente ni dónde están sus restos.
Ahí está la principal fractura del caso. La muerte consta de forma oficial desde hace décadas, aunque el certificado de defunción no se inscribió hasta 1943 en el Registro Civil de Manzanares y lo hizo mediante testigos, sin precisar el lugar del fallecimiento ni la ubicación del enterramiento.
La inscripción llegó en 1943, pero la familia nunca supo dónde murió
Eduardo Patón tenía 30 años cuando murió. Dejó viuda a Milagros Carretón López y dos hijos de tres años y de 16 meses, en una familia que además no recibió pensión ni subsidio por desaparición.
José Miguel Camacho Fernández-Medina, bisnieto de Patón, sitúa el inicio de la ruptura familiar en enero de 1938, cuando su bisabuelo fue enviado a la guerra. La última noticia que recibieron fue una carta en la que informaba de su traslado al frente, y después se perdió todo contacto. La familia no conserva ya aquellas misivas.
"A mi bisabuelo se lo llevaron a la guerra en enero de 1938. No tengo constancia de que se fuera de forma voluntaria, seguramente fue movilizado al igual que tantos hombres de provincias del interior hacia Aragón y Catalunya y era un momento determinante para frenar al Ejército sublevado que avanzaba tras la batalla de Teruel" - José Miguel Camacho Fernández-Medina, bisnieto de Eduardo Patón Lozano
La incorporación de sus datos al fondo del Coste Humano de la Guerra Civil añade un reconocimiento formal a esa desaparición. Para la familia, ese paso permite que Eduardo Patón quede identificado como víctima y abre una vía para intentar reconstruir un itinerario que, por ahora, sigue lleno de vacíos.
Patrimonio Nacional apunta a Cuelgamuros entre las hipótesis sobre los restos
En paralelo, los descendientes han empezado los trámites para entregar muestras de ADN con la intención de localizar los restos y enterrarlos junto a los de Milagros Carretón López. La búsqueda también ha incluido consultas a archivos militares, históricos, centros de memoria histórica y registros civiles, además del uso de herramientas de inteligencia artificial, sin resultados positivos hasta la fecha.
Patrimonio Nacional ha trasladado a la familia una posibilidad concreta. Los restos podrían estar inhumados en Cuelgamuros, ya que cerca de 1.400 fallecidos fueron exhumados y trasladados al mausoleo desde varios puntos de Lleida.
José Miguel Camacho Fernández-Medina valora las leyes de memoria histórica porque facilitan este tipo de búsquedas, aunque sostiene que la reparación sigue siendo insuficiente si el Estado no reconoce la injusticia sufrida por las víctimas. En esa misma línea, vincula la investigación familiar con una tarea pedagógica sobre las consecuencias humanas de la guerra.
"Estas historias de personas que perdieron la vida y familias destruidas por la guerra deberían ser enseñanza obligatoria en colegios e institutos dentro del marco de la cultura y protección de la democracia y de la paz" - José Miguel Camacho Fernández-Medina, bisnieto de Eduardo Patón Lozano
El dato que hoy sostiene toda la búsqueda es preciso y limitado a la vez. El historiador Antonio Bermúdez García ha recopilado que Eduardo Patón Lozano murió el 4 de enero de 1939 en un municipio de Lleida.