Albert Vilardell cultiva llúpol ecológico desde hace 13 años y ha convertido una primera prueba en un terreno familiar de Crespià en un proyecto que hoy se extiende también a Lliçà d"Amunt y Llagostera. Su apuesta forma parte de Biolupulus, una marca que agrupa a 12 productores de Cataluña y Castilla y León y cultiva 32 hectáreas con un objetivo común, producir un llúpol de proximidad y calidad con un manejo respetuoso con la tierra.
Vilardell resume el perfil del producto que obtiene con una idea clara. Lo define como un llúpol "más dulce, suave y con notas cítricas y herbáceas que aportan un toque diferencial a la cerveza". Esa búsqueda de matices se apoya en un modelo de cultivo que, según defiende, prioriza los ciclos biológicos de la planta y la fertilidad del suelo.
De Crespià a una red de productores
El agricultor empezó a cultivar en 2013 en una finca familiar de Crespià. Tras aquella primera cosecha, asegura que "hice cuatro números" y vio que el proyecto podía tener recorrido. Más adelante optó por asociarse con otros productores. "No tenía sentido estar solo cuando puedes compartir y aprender", explica sobre ese paso.
Con el tiempo, el proyecto ha incorporado nuevas parcelas en Lliçà d"Amunt y una tercera en Llagostera. A día de hoy, Biolupulus reúne a una docena de productores que trabajan bajo un mismo modo de hacer y comparten criterios sobre el cultivo ecológico del llúpol.
Un cultivo que arranca en abril y se recoge a finales de agosto
El ciclo del llúpol empieza en abril, después del reposo invernal. Vilardell señala que desde noviembre las plantas han estado hibernando y que, con la llegada de la primavera, empiezan a despertar y a ganar altura. En tres semanas alcanzan un metro y veinte y después necesitan alrededor de un mes para llegar arriba, hasta los seis metros y medio, antes de desarrollarse hacia los laterales y dar flor.
La recogida se concentra a finales de agosto, cuando la planta ya ha acumulado la resina que aporta aromas y amargor a la cerveza. El momento es clave. Vilardell advierte de que si la cosecha se retrasa aparecen aromas de hortaliza que dejan un regusto de ajo y cebolla que quieren evitar.
Manejo ecológico y conservación de la biodiversidad
Los productores tienen en cuenta el conjunto del ecosistema del cultivo. En ese trabajo entran tanto los gusanos, insectos y conejos como las hierbas que crecen alrededor de cada campo. En las fincas también hay ganado. Vilardell explica que cuentan con animales como caballos porque su estiércol ayuda a gestionar la cubierta vegetal.
Biolupulus participa además en un proyecto de conservación de la cabra de l"Albera de Cataluña, una especie en peligro de extinción. En sus fincas mantienen algunos de los últimos ejemplares que quedan.
Frente al modelo industrial, Vilardell sostiene que han respetado los ciclos biológicos de la planta sin intervenir de forma hostil. Su sistema de trabajo, detalla, busca hacer la tierra más fértil para que el llúpol crezca sin necesidad de labrar ni aplicar productos. A su juicio, en el llúpol industrial hay aromas que quedan enmascarados, probablemente por la cantidad de fitosanitarios utilizados, mientras que en el ecológico detectan perfiles más dulces, agradables y con notas cítricas bien definidas.
La variedad Lolita y la salida al mercado
Biolupulus cultiva la variedad Lolita, única en toda la Península y desarrollada por la propia marca mediante un proceso artesanal de mejora genética. Vilardell asegura que no solo presenta un perfil balsámico, sino que aporta una frescura que anima al consumidor a beber otra cerveza. Junto a esta variedad, también trabajan con Chinook, Pacific Gem y Cascade.
Una vez recogido, el llúpol se seca para poder comercializarlo. La mayor parte de la producción sale fuera. El 98% se destina a Alemania, Italia y también a Chicago, entre otros mercados, mientras que en Cataluña se queda el 2%. La marca intenta aumentar esa cuota local con iniciativas como la copa Harvest, que este año celebrará su tercera edición. En ella, los cerveceros acuden a recoger el llúpol y lo incorporan directamente a su elaboración para lanzar después una cerveza al mercado.
Entre las marcas gerundenses que ya trabajan con este llúpol ecológico figuran Rufa, Moska, Dos Kiwis, G Brewers y Rispa. Vilardell asegura que la acogida es positiva y que, al menos por el retorno que reciben, estas cervezas están funcionando bien entre los consumidores.
Ultracongelación para alargar la vida del llúpol fresco
Este año Biolupulus ha empezado a ultracongelar el llúpol ecológico para obtener un producto fresco de larga duración. El objetivo es dar más margen a los elaboradores para una segunda producción y, al mismo tiempo, evitar el secado, con el ahorro de costes y de consumo energético que eso supone. El sistema también facilita que productores de fuera puedan trabajar con llúpol fresco.
Vilardell enmarca esta evolución en un aprendizaje constante. Reconoce que han sido 13 años de errores y de ajustes. Empezaron cosechando a mano y con el tiempo compraron peladoras, dos en cada campo. En ese recorrido personal, el agricultor reivindica el esfuerzo invertido y lo vincula directamente a su manera de entender el oficio, con la cura de la tierra como prioridad y con la voluntad de consolidar un llúpol ecológico de proximidad que gane peso también en Cataluña.