Anna Espelt participará el próximo jueves 7 de mayo en Girona en la 3a edición de la Nit de la Dona, una gala que se celebrará a las siete de la tarde en el hotel Carlemany y en la que la viticultora pondrá el foco en el papel de las mujeres en el mundo agrario y en una forma de liderazgo vinculada a la tierra, la intuición y los referentes femeninos.
Espelt, vinculada a una saga familiar de ocho generaciones ligada a la viña y al olivo, reivindica una mirada propia sobre el liderazgo empresarial y rural. Su intervención llegará en un momento en el que también defiende la necesidad de visibilizar trayectorias femeninas que durante años han quedado en un segundo plano, muchas veces asociadas a tareas administrativas o menos expuestas públicamente.
Una voz del mundo rural con referentes familiares
La empresaria asegura que su abuela fue clave en el nacimiento de la bodega hace más de 20 años y la sitúa, junto a sus bisabuelas, entre sus principales referentes. Desde esa experiencia, sostiene que abrirse camino en el sector agrario y empresarial ha exigido adaptación y aprendizaje.
Recuerda que, al empezar, en muchas reuniones había una presencia mayoritaria de hombres y que tuvo que adaptarse a esa realidad. Explica que, en ese proceso, llegó a masculinizarse para encajar en determinados entornos y subraya que el respeto, en su caso, ha tenido que ganárselo.
"Has de aceptar la realidad tal como es y trabajar para cambiarla" - Anna Espelt
En ese recorrido, participó en un programa de la Generalitat dirigido a ayudar a mandos intermedios a liderar proyectos. La diagnosis que recibió, señala, apuntaba a tres déficits frecuentes entre las mujeres, como eran la formación, la falta de referentes y la necesidad de aprender a comunicar mejor. A partir de ahí, cursó un MBA, entró en un proyecto de mentoría y recibió formación específica en comunicación.
Reivindicación de igualdad real y rechazo al modelo de superwoman
Espelt mantiene que, en términos generales, las mujeres siguen teniendo que demostrar más que los hombres. Frente a esa exigencia, lanza una reflexión directa sobre los estándares de excelencia que recaen sobre ellas y reclama que no se les exija ser perfectas.
"Yo aspiro a que las mujeres podamos ser igual de mediocres que los hombres" - Anna Espelt
También se detiene en el coste personal que a menudo acompaña a las trayectorias profesionales. Explica que pudo desarrollar buena parte de su carrera porque el padre de sus hijas dejó su trabajo para dedicarse a cuidarlas. Ese intercambio de roles, afirma, hizo posibles muchas cosas, aunque no estuvo exento de costes. Por eso rechaza la idea de la superwoman como ideal y considera que no debería aspirarse a ese modelo.
En el ámbito de la empresa familiar, señala dos ventajas claras. La primera es la posibilidad de planificar a muy largo plazo. La segunda, que anunciar un embarazo no se viva como un problema, sino como una noticia bien recibida.
Liderar desde la tierra y la intuición
La viticultora define su forma de liderar como una práctica arraigada al territorio. Trabajar con la naturaleza, vivir los ciclos y realizar tareas físicas forman parte, a su juicio, de una manera de entender la empresa y la vida. Considera valioso tocar la tierra y hacer cosas reales, y defiende que cuanto más conectada está una persona con ese entorno, más lejos puede llegar.
Su apuesta por una viticultura sostenible, añade, también puede leerse como una manera distinta de liderar, más centrada en cuidar la tierra y en fortalecer la conexión entre personas. En esa línea, sostiene que cada persona aporta cosas diferentes y que el debate no debería limitarse a hombres y mujeres, sino a las capacidades concretas de cada uno.
Plantea además la necesidad de desarrollar tanto la parte masculina como la femenina de cada persona. Eso implica, explica, trabajar desde la razón, pero también desde la intuición, para alcanzar una visión más global.
Visibilidad, sororidad y relevo en el campo
Espelt cree que en el medio rural se están produciendo cambios de fondo, aunque a un ritmo más lento que en otros sectores. En una asociación de mujeres del mundo rural, explica, pudo comprobar a través de estadísticas que el porcentaje de agricultoras y campesinas con formación superior y trabajando en ecológico se disparaba en el caso de las mujeres.
También observa la llegada de nuevas generaciones que se acercan al campo desde otros ámbitos, no solo por herencia familiar. Habla de personas que buscan un cambio de vida y considera que esa incorporación da vitalidad al sector. Precisa, además, que no se trata únicamente de mujeres.
Sobre la valoración del talento femenino, apunta que siempre están las mujeres que aparecen y las que no aparecen. En muchos casos, dice, ellas han acabado asumiendo la burocracia y las tareas menos visibles. En su trayectoria, el rasgo diferencial ha sido precisamente estar al frente y ser visible.
La gala se celebrará en el hotel Carlemany de Girona con el patrocinio de Toni Pons, Grup Pous, Volvo Turismes Girona, l"Associació Gironina d"Empresàries, Ormetal y Centre Verd, y con la colaboración de INET, Prat Sàbat, Xuixos Can Castelló e Institut Guinot.
De cara al encuentro, Espelt sitúa la sororidad como una idea central. Defiende que las mujeres necesitan oportunidades y espacios para encontrarse, compartir e inspirarse mutuamente. En su opinión, actos como este o incluso reuniones breves sirven para tejer esas conexiones que durante mucho tiempo los hombres sí han tenido de forma natural. Para ella, ese tiempo compartido no es accesorio, sino una fuente de energía y una forma concreta de construir un mundo mejor.