Dejar de fumar exige tratar el tabaco como una adicción y no como una costumbre. Ese fue el eje de la sesión de intercambio de experiencias celebrada en el edificio de formación del Hospital Joan XXIII de Tarragona, donde profesionales y pacientes compartieron síntomas, estrategias y avances en el proceso de abandono.
La paradoja la resumió Blanca Carcolè, psicóloga clínica del Centre d’Adiccions i Seguiment de Drogodependències de Tarragona. El tabaco, sostuvo, genera una dependencia comparable a la de la cocaína o la heroína, pero no provoca el mismo rechazo social, lo que dificulta que muchos fumadores identifiquen el problema como una adicción.
Carcolè defendió que el tabaquismo requiere abordaje de adicción
Durante la sesión, Carcolè insistió en que el tabaquismo no debe leerse como un simple hábito. A su juicio, las reuniones grupales figuran entre las herramientas más útiles para dejarlo porque permiten compartir síntomas, recaídas y mecanismos de apoyo entre personas que atraviesan el mismo proceso.
Uno de los asistentes describió así la abstinencia:
"Tengo picores, insomnio, estreñimiento... Me siento como en una carrera de fondo" - sanitario participante, sesión de intercambio de experiencias en Tarragona
La psicóloga también explicó que las adicciones dejan huella en la memoria. Por eso, ante episodios emocionales traumáticos, muchas personas tienden a volver al tabaco como respuesta aprendida para afrontar el malestar.
En esa misma línea, el grupo abordó el papel del entorno más cercano. Carcolè recomendó que la familia conozca la meta de quien quiere dejar de fumar y que en casa prevalezca el derecho de la persona que ha abandonado el consumo, ya que convivir con fumadores eleva el riesgo de recaída.
El 36,5% de los españoles fuma y dos de cada tres lo han intentado dejar
Los datos que enmarcan el encuentro apuntan a una extensión todavía alta del consumo. Un estudio de Aegon sitúa en el 36,5% la proporción de españoles que fuma, casi tres puntos porcentuales más que el año anterior.
Al mismo tiempo, el 65,2% de los fumadores asegura que ha intentado dejarlo. Esa distancia entre el deseo de abandono y la dificultad para sostenerlo fue uno de los asuntos centrales de la jornada organizada en Tarragona.
Además del intercambio de experiencias, los participantes pasaron una prueba de carboximetría. El examen mide la unión del monóxido de carbono a la hemoglobina y permite observar un indicador de salud que mejora con rapidez cuando se abandona el tabaco.
Otro de los asistentes puso cifras y sensaciones a ese cambio al relatar la recuperación del olfato y del gusto, una mayor sensación de libertad y un ahorro de 400 euros al mes desde que dejó de fumar.