El brote de hantavirus detectado tras un crucero ha vuelto a situar el foco sobre un patógeno con una paradoja poco habitual. Tiene una transmisión muy baja entre humanos, pero una mortalidad alta, y los investigadores no prevén que cambie en el episodio actual.
La advertencia llega además en un momento en que la comunidad científica observa más factores que favorecen la aparición de infecciones nuevas o el regreso de otras ya controladas. El cambio climático, la presión humana sobre hábitats naturales, la movilidad global y el uso intensivo de antibióticos aparecen en la misma cadena de riesgo.
Enric Ollé sitúa el cambio climático y la movilidad entre los motores del riesgo
Enric Ollé, veterinario, bioquímico e investigador del Departament de Bioquímica i Biotecnologia de la URV, sostiene que el hantavirus no apunta ahora a un salto en su capacidad de contagio entre personas.
"Es un virus de muy baja transmisibilidad entre humanos pero con alta mortalidad. Parece que no tiene ninguna mutación y seguramente se quedará así, en este brote" - Enric Ollé, veterinario, bioquímico e investigador del Departament de Bioquímica i Biotecnologia de la URV
Ollé enmarca ese brote en una tendencia más amplia. La OMS ya ha identificado factores que empujarán al alza los riesgos de enfermedades infecciosas, y entre ellos destaca el efecto del cambio climático sobre vectores como chinches y garrapatas.
El investigador de la URV añade que el calentamiento global desplaza especies hacia zonas donde antes no estaban presentes. Ahí incluye insectos como el mosquito que transmite el dengue y el zika, que puede avanzar hacia latitudes más altas.
"El cambio climático influye en muchos vectores de enfermedades con capacidad de transmisión. Cualquier insecto, como chinches o garrapatas, al cambiar las condiciones climáticas, modifica su hábitat" - Enric Ollé, veterinario, bioquímico e investigador del Departament de Bioquímica i Biotecnologia de la URV
Además, la URV impulsa el estudio Next Pandemics busca fármacos para futuras pandemias globales y presta atención a patógenos como el dengue y el zika. El proyecto parte de una idea de prevención más que de reacción ante una emergencia ya declarada.
Junto al clima, Ollé señala otros focos de exposición. La circulación de mercancías, la ocupación humana de zonas antes reservadas a fauna silvestre y la deforestación en países en vías de desarrollo multiplican los contactos entre personas y animales.
En ese marco, el investigador recuerda que algunas enfermedades ya erradicadas en España siguen activas en otros territorios. Pone como ejemplo la rabia, ausente aquí pero no eliminada en Marruecos, en un contexto de movilidad humana constante.
Javier Capilla vincula el caso del crucero con la entrada en ecosistemas antes alejados
Javier Capilla, profesor de virología en el área de microbiología e investigador del equipo Micología y Microbiología Ambiental de la Facultat de Medicina de la URV, relaciona el episodio del crucero con una exposición creciente a entornos donde circulan partículas infecciosas.
"Le hemos ganado terreno a la selva, y estamos más expuestos ahora que antes. Hemos destruido entornos naturales. El reciente caso del crucero y el hantavirus a mí no me ha sorprendido en exceso porque es muy ilustrativo: accedemos cada vez a lugares más inhóspitos y entramos en ecosistemas con partículas infecciosas. Por eso cada vez será más normal que virus emergentes causen problemas o sean más frecuentes episodios de contagios" - Javier Capilla, profesor de virología e investigador de la Facultat de Medicina de la URV
Capilla valora de forma positiva los protocolos aplicados durante la crisis del hantavirus. Aun así, avisa de que no hace falta llegar a una epidemia para asumir que estos episodios van a repetirse con más frecuencia.
Otra presión añadida llega desde la producción ganadera. Ollé apunta que la ganadería intensiva y el uso de antibióticos favorecen bacterias más resistentes, capaces de colonizar al ser humano y permanecer en el organismo sin causar un daño inmediato.
Enric Ollé lo resume con un efecto concreto del uso prolongado de antibióticos. "El uso de antibióticos ha hecho que las bacterias sean más resistentes y cuando colonizan al humano, aunque no le estén haciendo daño, permanecen más".