La inteligencia artificial ya puede extraer huellas dactilares de fotografías en alta resolución cuando la persona posa con el gesto de la V y muestra la parte inferior de los dedos hacia la cámara. La viabilidad técnica quedó expuesta en un experimento emitido en televisión china y en una demostración pública realizada con el selfie de una celebridad.
La paradoja es que una imagen cotidiana, tomada para compartirla en redes o por simple costumbre, puede contener datos biométricos suficientes para intentar burlar sistemas de autenticación. El proceso no funciona en cualquier toma, pero sí en muchas de las más habituales, porque la mayoría de selfies se hacen a entre 1,5 y 2 metros, una distancia que ofrece calidad suficiente para recuperar surcos con un margen de error bajo.
La distancia de la mano marca cuántos detalles puede recuperar la IA
Jing Jiwu, profesor de la Universidad de la Academia China de Ciencias, sostuvo que la proliferación de cámaras de alta definición ha hecho técnicamente posible reconstruir información detallada de la mano, incluidas las huellas dactilares, a partir de la llamada pose en V.
Lewis Berry, arquitecto principal de seguridad y Microsoft MVP en Inforcer, precisó que la extracción solo resulta viable cuando la mano se orienta hacia la cámara y deja visible la parte inferior de los dedos. Sin esa posición, la imagen pierde la información necesaria para reconstruir los surcos.
La distancia también altera el resultado. A menos de 1,5 metros, la recuperación de detalles es alta. Entre 1,5 y 3 metros, el sistema obtiene aproximadamente la mitad de la información, y por encima de los tres metros el procedimiento pierde fiabilidad.
Un selfie puede aportar huellas de dos dedos si la imagen tiene resolución suficiente
Li Chang, experto en ciberseguridad, mostró públicamente cómo obtener las huellas de dos dedos desde el selfie de una celebridad mediante software especializado capaz de mejorar la nitidez de los surcos cutáneos. La prueba reforzó la idea de que no hace falta una captura diseñada para ese fin si la foto original conserva suficiente definición.
El experimento difundido en televisión china siguió una lógica parecida. Combinó programas de edición con herramientas de mejora basadas en IA para aislar y definir los patrones presentes en la mano fotografiada.
Ese material puede servir para generar réplicas digitales destinadas a engañar sistemas de autenticación biométrica. Aun así, el robo no queda completado solo con la imagen, porque el atacante necesita acceso físico o remoto al dispositivo sobre el que quiera usar esa copia.
Berry situó uno de los puntos críticos en un hábito extendido. La mayoría de selfies se toman entre 1,5 y 2 metros, una franja en la que la calidad sigue siendo suficiente para que la IA recupere huellas con un margen de error bajo.