La expansión de la inteligencia artificial en las empresas ya está entrando en el empleo de oficina con un doble efecto. Reduce costes para las compañías y, al mismo tiempo, pone en riesgo puestos de trabajo que hasta hace poco dependían de tareas administrativas, atención al cliente o gestión rutinaria.
La contradicción, según las expertas que intervinieron en el Mobile World Capital Barcelona, es que una tecnología presentada como apoyo al trabajo está empezando a sustituirlo. Desde 2024, se ha detectado una reducción del 16% de trabajadores jóvenes vinculada al uso de la inteligencia artificial, porque las empresas la consideran más rápida y más barata.
María Luz Rodríguez alertó de que la voz del trabajador ya entrena a los bots
María Luz Rodríguez, catedrática de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Universidad Castilla-La Mancha, puso el foco en cómo se obtienen los datos con los que aprenden los sistemas automáticos. Citó el caso de los centros de llamadas, donde la grabación afecta no solo al cliente, sino también al empleado.
"Los call center anuncian que graban las llamadas para mejorar el servicio, registrando tu voz, pero también la del trabajador, porque con su voz entrenan a los bots para que, la siguiente vez que llamemos, nos conteste una voz automática" - María Luz Rodríguez, catedrática de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, Universidad Castilla-La Mancha
Rodríguez planteó que una de las cuestiones de fondo pasa por determinar de quién son los datos que sirven para entrenar algoritmos e inteligencia artificial. Añadió que el contrato laboral no ampara la captura de datos del trabajador durante todo el día.
Además, defendió que los representantes laborales deben participar en la gobernanza de la transformación tecnológica. A su juicio, el diálogo social, la negociación colectiva y fórmulas de co-dirección y co-gobernanza empresarial serán claves para ordenar ese cambio.
En su intervención, también avisó de la escala del impacto. Sostuvo que la inteligencia artificial será un tsunami en el mercado laboral y que afectará al 70% de los trabajos, con una brecha entre empleos tecnológicos mejor valorados y empleos de cuidados con salarios bajos.
Eva Rimbau sostuvo que el control excesivo rompe el vínculo con la empresa
Eva Rimbau, co-directora del MBA online de la Universitat Oberta de Catalunya, vinculó la implantación de estas herramientas con la forma en que las empresas gestionan a sus plantillas. Recordó que las compañías que cuidan a sus trabajadores con formación, salarios dignos o estabilidad laboral obtienen mejores rendimientos.
"Se ha demostrado que las compañías que cuidan a sus trabajadores, con formación, salarios dignos o estabilidad laboral, tienen mejores rendimientos" - Eva Rimbau, co-directora del MBA online, Universitat Oberta de Catalunya
Rimbau advirtió de que el control intensivo en entornos de teletrabajo, como el registro de clics, provoca desapego en la plantilla porque rompe el contrato psicológico. También señaló que un despido vinculado a decisiones basadas en inteligencia artificial puede ser aceptado si se percibe como justo, pero genera una ruptura cuando el trabajador interpreta que hay injusticia.
Según explicó, la tecnología complementaba antes las tareas humanas y ahora empieza a sustituirlas. En ese escenario, situó como margen de protección las competencias transversales humanas, entre ellas la capacidad de criticar y poner en cuestión.
Rimbau también avisó de la descarga cognitiva. Delegar en la inteligencia artificial la parte más difícil del trabajo puede llevar, dijo, a olvidar cómo se hace, de modo que la decisión sobre qué funciones ceder sigue estando en la esfera individual.
Europa ya exporta sus reglas mientras las empresas prueban límites internos
Frente al avance de estas prácticas, Rodríguez sostuvo que Europa está acotando los elementos más dañinos de la inteligencia artificial con normas como la Declaración Europea de Derechos y Principios Digitales. Lo enmarcó en un proceso de constitucionalismo digital.
Las dos expertas coincidieron en que ya opera el llamado efecto Bruselas. Bajo esa lógica, multinacionales no europeas acaban adoptando a escala global normas europeas de protección de datos para ajustar su actividad a ese marco regulatorio.
Rimbau cerró con una advertencia sobre los llamados cementerios de agentes de inteligencia artificial. Explicó que algunas organizaciones desarrollaron sus propios agentes y dejaron de utilizarlos cuando cambió el proceso para el que habían sido creados.