La provincia de Lleida tiene 94 localidades en las que solo vive un vecino, una cifra que triplica la de 2008, cuando esta situación afectaba a 29 poblaciones. Los datos figuran en las cifras del Nomenclátor del Instituto Nacional de Estadística publicadas en enero y dibujan una despoblación sostenida tanto en el Pirineo como en parte del llano.
El mismo recuento apunta además a un aumento de los núcleos completamente vacíos. A 1 de enero de 2026, el INE contabiliza 73 pueblos y núcleos agregados deshabitados en la provincia de Lleida, frente a los 38 que se registraban en 2008. A esa cifra se suman 156 diseminados también sin habitantes.
El Pallars Jussà encabeza la relación
La comarca con más pueblos o núcleos con un solo habitante es el Pallars Jussà, con 27. Estos se reparten entre los municipios de Gavet de la Conca, Isona i Conca Dellà, Sant Esteve de la Sarga, Sarroca de Bellera, Senterada, Tremp, La Torre de Cabdella y Castell de Mur.
Tras el Pallars Jussà aparecen el Pallars Sobirà, con 20 núcleos o diseminados con un solo vecino, y el Alt Urgell, con 19. Son las tres comarcas leridanas más afectadas por este fenómeno.
En el llano también se mantiene esta realidad, aunque con menor intensidad. El INE sitúa 23 localidades con un único habitante repartidas entre 11 en la Segarra, 8 en la Noguera, 1 en el Segrià, 3 en el Urgell y 1 en el Solsonès.
Un censo que no siempre refleja toda la población real
La estadística del Nomenclátor se elabora a partir de la actualización del padrón de núcleos y entidades de población que realizan los ayuntamientos. Eso implica que en algunos casos el registro no refleje residentes no censados o que mantenga vecinos que ya no viven allí de forma efectiva.
Ese matiz es relevante en comarcas donde parte del parque de vivienda se utiliza solo de forma ocasional, especialmente en el Pirineo, por tratarse de segundas residencias. La imagen que dejan las cifras oficiales, en cualquier caso, confirma una pérdida de población de largo recorrido.
La pandemia no revirtió la despoblación
Durante 2020, la Covid atrajo a nuevos residentes a municipios rurales de Lleida. Aun así, ese movimiento no frenó la despoblación. La mitad de las localidades que ganaron vecinos durante la emergencia sanitaria los perdieron dos años después y, en algunos casos, la población cayó incluso por debajo de los niveles previos a la pandemia.
Entre los factores que explican este retroceso aparecen la dificultad para generar actividad económica, el mal estado de muchas edificaciones y el deterioro de los accesos a algunos núcleos.
La vida en un pueblo de un solo vecino
Uno de esos casos es Àrreu, en Alt Àneu, donde vive solo Eloi Renau desde 2019. Su llegada respondió a un proyecto vital propio ligado al territorio.
"Compré tierras, una casa y una borda" - Eloi Renau, vecino de Àrreu
Renau explica que esta forma de vida le permite seguir "sin deudas", aunque admite el desgaste que supone la soledad cotidiana.
"Se me está haciendo un poco largo salir a la calle y no poder saludar a nadie" - Eloi Renau, vecino de Àrreu
Pese a ello, rechaza la idea de aislamiento. Sostiene que la conexión con otros municipios cercanos le permite mantener una vida social básica.
"No me siento aislado" - Eloi Renau, vecino de Àrreu
"Si es domingo y quiero ir a hacer un vermut con un colega, cojo el coche y voy. Esterri d"Àneu está a 20 minutos" - Eloi Renau, vecino de Àrreu
También pone el foco en el estado de la pista de acceso al pueblo, que considera esencial para garantizar la continuidad de la vida en el núcleo.
"Necesita de un mantenimiento anual. Es el cordón umbilical que conecta Àrreu con el Pirineo" - Eloi Renau, vecino de Àrreu
La evolución del censo en Lleida deja así una doble imagen. Por un lado, crece el número de pueblos donde solo queda una persona. Por otro, aumentan los núcleos vacíos. Entre ambos extremos se consolida una realidad que afecta sobre todo al Pirineo y que, de momento, no ha encontrado un freno estable.