Ciutat Vella soporta cada día una presión turística que desborda su peso residencial. El distrito suma 2.500.000 turistas que pernoctan al año, una media de 6.850 extranjeros diarios frente a 115.000 vecinos censados.
La paradoja es que el centro histórico de Barcelona intenta mantener población estable mientras convive con una proporción de 22 visitantes por cada residente. Esa tensión marca ahora la hoja de ruta del distrito en vivienda y en la búsqueda de apoyos fuera de la ciudad.
Ivan Pera busca una alianza europea para reclamar más fondos
El comisionado por el Pacto de Ciutat Vella, Ivan Pera, sostiene que el volumen de pernoctaciones confirma que el distrito funciona con una escala que va más allá de su padrón. Su propuesta pasa por tejer una alianza con otros centros históricos europeos sometidos a problemas parecidos.
"Demuestran que el distrito es mucho más que sus habitantes" - Ivan Pera, comisionado por el Pacto de Ciutat Vella
Pera trabaja con Mar Jiménez, comisionada de Asuntos Exteriores, en un frente común que aspire a actuar como grupo de presión ante las instituciones europeas. El objetivo es reclamar más fondos y recursos para responder a la masificación turística y a la crisis de la vivienda en barrios con una estructura urbana similar.
Amsterdam, Dublín, Marsella y Bilbao figuran entre las ciudades contempladas.
Por ahora no existe ningún acuerdo cerrado con esas ciudades. La iniciativa sigue en fase de contactos, aunque el distrito la sitúa como una vía para reforzar su capacidad de interlocución en un problema que comparte con otros cascos antiguos europeos.
El distrito prioriza pisos de 110 años y estudia reconvertir hoteles vacíos
La otra urgencia está en el parque residencial. El último año de mandato se centrará en acelerar la rehabilitación de viviendas en un distrito donde la edad media de los pisos alcanza los 110 años, muy por encima de los 65 años del conjunto de Barcelona.
En La Rambla se estudia cambiar usos de edificios ya existentes.
La falta de espacio para nuevas promociones lleva al distrito a explorar reconversiones de inmuebles que han perdido su función original. Entre las opciones en estudio figura transformar teatros y hoteles vacíos de La Rambla en viviendas de uso residencial.
Junto a esa línea de actuación, el distrito también impulsa medidas para integrar a los residentes extranjeros temporales en la comunidad local. La intención es evitar que su relación con Ciutat Vella quede reducida al consumo de la ciudad y reforzar su vínculo con la vida vecinal.
El parque de vivienda de Ciutat Vella tiene una edad media de 110 años, 45 más que el resto de Barcelona.