Roberto Bustos Morales, de 73 años, asegura que pasó una década trabajando sin salario en una hacienda de Viu de Llevata, en la Alta Ribagorça, después de que la Casa Sant Josep de Tarragona lo entregara siendo menor bajo la identidad de Andrés Muñoz Alcolea. El traslado se hizo en los años 60 mediante una acogida temporal vinculada al Tribunal Tutelar franquista.
La contradicción que arrastra su caso aparece en los propios documentos y en los relatos enfrentados de quienes participaron en aquella entrega. Bustos sostiene que nunca fue una adopción ni una vida familiar, sino trabajo de madrugada a noche en la cuadra, mientras la madre de acogida defiende que todo fue legal y que lo trataron como a un hijo.
Desde la residencia de Castejón de Sos, en Ribagorça, Bustos sitúa el inicio de su salida del orfanato cuando tenía diez u once años. “Me vinieron a sacar del orfanato cuando tenía diez u once años. En febrero cumplí 73, así que hagan la cuenta del tiempo que ha pasado”, afirma.
Roberto Bustos dice que trabajó con 50 vacas sin salario ni escuela al principio
Bustos relata que, ya en Viu de Llevata, asumió tareas continuadas en la explotación ganadera y quedó completamente a cargo de la familia para comer y vestirse. No recibió salario, contrato ni compensación económica durante ese periodo.
Su descripción de la rutina diaria apunta a jornadas que empezaban de madrugada y se alargaban hasta la noche. Cuenta que ordeñaba unas 50 vacas, les daba de comer, limpiaba los establos y las sacaba al monte, y añade que al principio ni siquiera lo llevaron a la escuela.
"Aquello no fue realmente una adopción. Unos padres adoptivos no te ponen a trabajar desde las cinco de la mañana hasta las once de la noche. A veces era la una de la madrugada y seguía en la cuadra. Si paría un animal, dormía en los establos" - Roberto Bustos Morales
En su relato también aparecen diferencias dentro de la casa. Asegura que la familia comía en el comedor mientras a él lo obligaban a hacerlo en la cocina, que no siempre recibía la misma comida y que lo ocultaban cuando llegaban amistades.
La familia de acogida sostiene que mossèn Prefecte Cabré entregó al menor “legalmente”
La madre de acogida, desde su casa de El Pont de Suert, mantiene una versión opuesta. Explica que un cura de Tarragona amigo de la familia les entregó al menor en “adopción temporal” y niega que lo usaran como mano de obra esclava.
"Pero tenemos los papeles. Lo hicimos todo legalmente. Recuerdo que Prefecte me contaba que su padre iba a buscarle, le pegaba dos palizas y se lo llevaba para pedir limosna y luego lo volvía a traer" - madre de acogida de Roberto Bustos Morales
Según los datos del caso, la Casa Sant Josep de Tarragona estaba dirigida entonces por mossèn Prefecte Cabré. Fue él quien entregó al menor a un matrimonio de ganaderos de Viu de Llevata bajo la figura legal de acogida temporal del Tribunal Tutelar franquista.
La misma mujer describe al menor con expresiones despectivas y asegura que era feliz en la casa hasta que algunos vecinos de la aldea le dijeron que lo trataban como a un esclavo. Bustos rechaza por completo esa versión y vincula aquella etapa a la pérdida de su identidad y de sus vínculos familiares.
El servicio militar le reveló que había nacido en Madrid el 3 de febrero de 1953
El cambio llegó cuando fue llamado a filas. Entonces descubrió que no se llamaba Andrés Muñoz Alcolea, sino Roberto Bustos Morales, que había nacido en Madrid el 3 de febrero de 1953, que su madre se llamaba Felisa y que constaba un padre desconocido.
Aquel hallazgo también le confirmó que había sido separado de sus tres hermanos, José, Manolo y Gregorio. Bustos sostiene que hasta ese momento sabía que existían, pero no dónde estaban ni por qué los habían apartado.
"Cuando supe mi nombre verdadero empecé a entender que me habían robado algo más que la infancia. Me habían quitado a mis hermanos" - Roberto Bustos Morales
Tras conocer su identidad real, volvió a Tarragona para pedir información en el orfanato, pero asegura que no le permitieron ni pasar de la puerta. La búsqueda de José, Manolo y Gregorio se prolongó durante sesenta años después de aquel descubrimiento.