La sequía en el Camp de Tarragona ha reducido de forma notable la superficie de cultivos de avellano y olivo en las comarcas del Baix Camp y el Tarragonès, dos zonas que dependen del embalse de Riudecanyes. El retroceso se hizo más intenso a partir de 2022, con la entrada en vigor de las restricciones de agua, y se agravó en 2023, primer año sin riego.
Fuerte caída del avellano y del olivo en el Baix Camp
En el Baix Camp, la superficie de avellano se había mantenido en cifras elevadas antes del empeoramiento de la sequía. Pasó de 4.855 hectáreas en 2020 a 4.983 en 2021. El cambio llegó después. En 2022 se situó en 4.651 hectáreas y en 2023 cayó hasta 2.923 hectáreas, lo que supuso una reducción del 37%. En 2024, la cifra subió ligeramente hasta 2.978 hectáreas, aunque todavía muy lejos de los registros previos.
La evolución del olivo en esta misma comarca siguió una línea similar. En 2022 ocupaba 6.320 hectáreas y en 2023 bajó hasta 3.963, una reducción de más del 35%. En 2024 se registró un leve repunte, con 4.267 hectáreas.
El Tarragonès también pierde superficie agraria
El descenso también se deja sentir en el Tarragonès. En el caso del avellano, la superficie ha pasado de 1.724 hectáreas en 2020 a 1.252 hectáreas en 2024. En el olivo, la caída se aprecia entre 2021 y 2023, al pasar de 1.628 a 990 hectáreas. Un año después, en 2024, la superficie se situó en 1.029 hectáreas.
La pérdida de hectáreas en ambas comarcas se produce en un contexto de fuerte dependencia del agua almacenada en Riudecanyes, clave para la actividad agrícola de esta parte del Camp de Tarragona. Las restricciones aplicadas desde 2022 y la ausencia de riego en 2023 marcaron un punto de inflexión en la continuidad de muchas explotaciones.
Medidas para sostener el sector
Ante esta situación, las administraciones han puesto en marcha el Plan de la Avellana, que incorpora una veintena de medidas. El programa prevé apoyo económico, actuaciones en gestión del agua y modernización de las explotaciones, con el objetivo de sostener un cultivo especialmente afectado por la falta de recursos hídricos.
Los datos reflejan una ligera recuperación en 2024 en algunos cultivos, aunque el balance general sigue mostrando un recorte profundo de la superficie agraria en el Baix Camp y el Tarragonès tras dos años de fuerte impacto de la sequía.