Meta Platforms dejará de ofrecer a principios de mayo el cifrado de extremo a extremo en los mensajes directos de Instagram, una decisión que coincide con un momento de creciente desconfianza sobre cómo gestionan los datos las grandes plataformas de mensajería y redes sociales.
El movimiento llega además cuando WhatsApp afronta una demanda colectiva por presuntamente recopilar y almacenar el contenido de los mensajes pese a presentar su sistema como cifrado de extremo a extremo. La contradicción afecta al núcleo de un servicio que millones de usuarios usan para conversaciones privadas mientras crece la migración en Estados Unidos y Europa hacia aplicaciones que prometen más privacidad y menos explotación comercial de los datos.
Instagram retira una protección mientras WhatsApp afronta una demanda por sus mensajes
CyberSafe advierte de que la supresión de ese mecanismo en Instagram puede exponer a los usuarios a fugas de datos, robo de información y un aumento del fraude en línea. El riesgo no se limita a la lectura de mensajes, porque también alcanza fotos, audios y otros archivos compartidos dentro de conversaciones privadas.
La exposición de ese material abre la puerta a usos delictivos como la suplantación de identidad, la creación de deepfakes o formas de manipulación psicológica apoyadas en contenido real sustraído de las cuentas. En paralelo, la ampliación de las copias de seguridad en la nube desplaza el debate sobre la privacidad hacia otro terreno, el del control sobre cómo se almacenan y explotan esos datos.
En ese contexto, también han aumentado las críticas públicas a WhatsApp. Elon Musk preguntó en X si la aplicación recopila datos sobre el comportamiento de los usuarios, y Pavel Durov, director ejecutivo de Telegram, llegó a calificar el compromiso de WhatsApp con el cifrado como la "mentira del siglo".
Los datos de uso ganan peso en aplicaciones financiadas con publicidad
El problema no queda reducido al contenido de los mensajes. Los expertos en seguridad indican que buena parte de los usuarios desconoce que muchas aplicaciones recopilan datos de comportamiento que no son visibles de forma directa, como el tipo de dispositivo, los horarios de conexión o la frecuencia de uso.
Ese rastro resulta especialmente valioso en plataformas cuyo modelo de ingresos depende de la publicidad, porque permite segmentar anuncios a partir de hábitos y patrones de actividad. En el debate sobre privacidad, el foco ya no está solo en quién puede leer un mensaje, sino en cómo se almacenan, comparten y utilizan los datos de comportamiento que dejan los usuarios al usar estos servicios.
La reacción ya se nota en parte del mercado. En Estados Unidos y Europa, más usuarios están optando por aplicaciones de mensajería que priorizan la privacidad, limitan la publicidad y ofrecen mayor transparencia sobre el tratamiento de la información personal.
Ante ese escenario, los especialistas recomiendan separar usos y herramientas. Plantean distinguir entre redes sociales destinadas al entretenimiento y aplicaciones de mensajería reservadas para conversaciones o archivos sensibles, además de revisar qué datos guarda cada servicio y bajo qué condiciones los comparte.
La Ley de Protección de Datos Personales entrará en vigor a principios de 2026 con un marco legal orientado a reforzar la protección de los usuarios en el espacio digital.