El modelo económico vigente prioriza el beneficio rápido sobre la dignidad del trabajador en comarcas gerundenses. Esta situación consolida una precariedad laboral estructural y crónica arrastrada desde la crisis de 2012.
La precariedad afecta al sector servicios, la industria, el tercer sector, los servicios sociales y la administración local. Las últimas reformas laborales han instaurado un escenario de extrema inseguridad para todos estos colectivos.
Deterioro salarial por sectores
El turismo en Girona se ha convertido en sinónimo de precariedad extrema con salarios bajos y jornadas largas. Los profesionales del tercer sector reciben sueldos inferiores a los de otros territorios y quienes trabajan en ayuntamientos pequeños tienen peores condiciones que en grandes municipios.
Las condiciones laborales en el sector cárnico siguen siendo precarias. Tener un empleo en este entorno ya no garantiza una vida digna ni ayuda a salir de la pobreza.
Coste de la vida y transporte
El alto coste de la vivienda asfixia a las familias de Girona debido a la presión turística y la especulación que reduce la oferta disponible. Más trabajadores pobres destinan más del 50% de su sueldo al alquiler.
Las comarcas gerundenses sufren un olvido histórico en infraestructuras de transporte público lo que obliga a depender del vehículo privado. La combinación de vivienda inasequible y transporte deficiente hace que el coste de la vida sea uno de los más elevados del país frente a salarios estancados.
La manifestación del 1-M ha tenido como lema Salaris habitatge i transport recogiendo las urgencias vitales de la clase trabajadora. Se reclama un salario mínimo catalán ajustado al coste real para que residentes de Girona Empordà o Selva puedan vivir dignamente.
Se exige que los salarios se decidan en Cataluña con políticas públicas que garanticen un techo asequible y una red de transporte eficaz. Para mejorar las condiciones laborales consideran necesario contar con soberanía nacional y capacidad de decisión política propia.