Los puertos deportivos de Girona y el resto de Cataluña enfrentan una crisis silenciosa pero devastadora provocada por las embarcaciones abandonadas. La falta de espacio se combina con el riesgo inminente de vertidos contaminantes en unas aguas que soportan una de las mayores densidades de amarres del Mediterráneo.
Cataluña cuenta con cerca de 30.000 amarres distribuidos en sus costas, un recurso escaso que queda bloqueado por naves fantasma. El abandono afecta principalmente a barcos de recreo de pequeña y mediana eslora, entre seis y diez metros, que suelen tener pabellón español o francés.
Un aparcamiento de coches muertos
La situación genera una frustración económica directa para los gestores de las instalaciones marítimas. Jordi Caballé, de Marinas de España, describe la realidad con crudeza al comparar estos espacios con un parking donde los usuarios desaparecen.
«Es como tener un aparcamiento en el que varias personas dejan el coche y desaparecen para siempre. Tienes una plaza ocupada sin poder cobrar» - Jordi Caballé, Marinas de España
Esta analogía refleja la impotencia de los puertos ante la imposibilidad de repercutir costes o liberar el atraque. La ausencia de un censo oficial impide cuantificar con exactitud el alcance real del problema, aunque los indicadores apuntan a un crecimiento sostenido.
El deterioro amenaza los muelles
La inacción de los propietarios desencadena un proceso de degradación acelerado. El salitre y los temporales dañan rápidamente la estructura cuando cesa el mantenimiento básico. Los responsables del sector advierten que el casco se degrada hasta comprometer la seguridad de toda la dársena.
Existen vías de agua que derivan en riesgo de hundimiento. Cuando se rompen las defensas del barco, las naves impactan contra el muelle y dañan las embarcaciones contiguas. Incluso existe el peligro de que un barco a la deriva arrastre a otro durante un temporal.
«Hay que hacer rondas de vigilancia para controlar estos barcos. Cuando vemos que su línea de flotación está por debajo del agua hay que actuar» - Carles Fillat, Consorcio Puerto de Mataró
Carles Fillat, gerente del Consorcio Puerto de Mataró, cifra en una veintena los barcos en malas condiciones en su instalación. Este escenario se repite con mayor intensidad en la Costa Central, desde el Maresme hasta el Garraf, donde algunas instalaciones acumulan hasta 30 unidades abandonadas.
La burocracia frena el desguace
La lentitud administrativa agrava el conflicto. Entre 2020 y 2025, Puertos de la Generalidad tramitó 68 expedientes de abandono, lo que supone una media de 13 a 14 anuales. Sin embargo, los ocho nuevos expedientes abiertos solo en el primer cuadrimestre de 2026 indican una aceleración alarmante.
Este dato sugiere que este año se tramitará prácticamente la mitad de lo gestionado en los cinco años anteriores juntos. A esta saturación se suma la complejidad legal. Todo el procedimiento administrativo para retirar y destruir los barcos suma dos años más de espera tras la intervención inicial.
Lluc Puig, director de Marina Empuriabrava, señala que hay casos de barcos que están hasta cinco y seis años sin afrontar los costes de amarre. Para una embarcación pequeña de ocho metros, la cantidad sin ingresar puede variar entre los 3.300 y los 8.000 euros anuales.
Deudas millonarias y soluciones urgentes
Las gestiones de tasación, peritaje, abogados, traslado y desguace pueden suponer al menos 4.500 euros más de costes para el puerto. Empuriabrava lleva a cabo entre seis y ocho desguaces al año, pero la carga financiera es insostenible para muchas entidades.
Puig propone a los propietarios morosos acceder al desguace a cambio de condonar una parte de la deuda contraída. Hace tres años, el gestor retiró la embarcación Margarita en el Consorcio Puerto de Portbou tras hundirse frente al puerto. Tras la retirada con grúa, pasaron dos años de trámites antes de poder desguazarla definitivamente.
La raíz del conflicto reside en factores demográficos y sociales. Laureà Fanega, presidente de la Fundación Barcelona Capital Náutica, indica que es un problema que va a más debido al envejecimiento de los propietarios y de la flota actual. Raimon Roca, presidente de la Asociación Catalana de Puertos Deportivos y Turísticos, añade que influyen herederos que se desentienden de la nave y dueños que atraviesan dificultades económicas.