Cuatro de los cinco locales de ocio nocturno situados en los bajos del antiguo edificio de aceites Pallarès, entre las calles de Pere IV y Pallars, en el Poblenou, han cerrado ya sus puertas. La noche del 7 de febrero fue la última apertura de tres de estos establecimientos, el Open Bar, el Bb+ y el D9, mientras que Hijos de Caín bajó la persiana de forma precipitada tras un desprendimiento del falso techo. Solo sigue en funcionamiento el Bar Coyote.
Un cierre en cadena en el antiguo edificio industrial
El inmueble, adquirido por Hotels Sallés, concentraba cinco locales de ocio nocturno en planta baja. A día de hoy, únicamente permanece abierto el Bar Coyote, aunque con actividad condicionada por el estado del techo. Su responsable, Eduard García, sostiene que el negocio no puede abrir cuando llueve con intensidad por las goteras, una situación que asegura que se ha repetido unas 20 veces en el último año y medio.
Los responsables de los establecimientos cerrados y del único que sigue abierto denuncian un supuesto caso de acoso inmobiliario desde que el edificio pasó a manos de la cadena hotelera, que cuenta con un hotel contiguo. En ese contexto, afirman que en diciembre de 2024 se retiró la cubierta de fibrocemento del edificio sin instalar ninguna protección posterior y que también se perforó el techo.
"Nos han dejado sin techo y lo han perforado y cuando llueve cae agua, mucha agua... son tácticas mafiosas" - Eduard García, responsable del Bar Coyote
Las filtraciones y el desprendimiento del falso techo
Los denunciantes vinculan las humedades provocadas por la entrada de agua con el desprendimiento de parte del falso techo en Hijos de Caín, un incidente que llevó al cierre repentino del local. En el caso del Bar Coyote, los Bombers han determinado que no existe riesgo de desprendimientos, aunque eso no evita los problemas de filtraciones cada vez que llueve con fuerza.
García cifra en unos 60.000 euros las pérdidas acumuladas por los cierres forzados en días de lluvia. Pese a ello, mantiene el local abierto. "Es por orgullo y amor propio", asegura.
Un conflicto abierto en los juzgados
La propiedad no ha querido hacer declaraciones públicamente sobre este conflicto. Sí niega las acusaciones de supuesto acoso y sostiene que el Bar Coyote y el resto de establecimientos han ocupado los locales de manera ilegal después de que no se les renovara el contrato de alquiler. El conflicto está judicializado.
El cierre progresivo de estos negocios afecta a uno de los puntos de ocio nocturno más conocidos del entorno, dentro de la zona a la que se ha identificado durante años como el Triangle Golfo. Desde el Bar Coyote lamentan que con clausuras como estas se pierda actividad nocturna en el barrio y reprochan al Ayuntamiento de Barcelona falta de interés para revertir la situación.
"De día, el barrio es muy bonito por las oficinas pero por la tarde está muerto" - Eduard García, responsable del Bar Coyote
División en el entorno vecinal
Mientras los responsables de los locales denuncian el impacto económico y la pérdida de vida nocturna, entre parte del vecindario la lectura es distinta. Los vecinos celebran el cierre de los establecimientos y mantienen que, pese a la reducción de locales en la zona, las molestias continúan. El antiguo edificio de aceites Pallarès queda así con un único negocio abierto y con una disputa aún pendiente de resolución en los tribunales.