El videoclub Cine Instan, en la calle Viladomat de Barcelona, se ha convertido en el más antiguo de España que sigue en funcionamiento tras el cierre reciente del Videoclub Consolación de Utrera, en Sevilla. El negocio abrió en 1980 y mantiene hoy una actividad que combina el alquiler de películas con una sala de cine privada y una cafetería.
Al frente del establecimiento está Aurora Depares, propietaria de un local que conserva un catálogo de más de 47.000 películas y que ha logrado adaptarse a la transformación del sector audiovisual. El videoclub sigue ofreciendo préstamo de títulos con fórmulas como una tarifa plana mensual de unos 10 euros, que permite a 250 socios acceder sin límite tanto a novedades como al archivo.
Un negocio reconvertido para seguir abierto
La principal fuente de ingresos ya no está en el alquiler tradicional. Ahora la sostiene sobre todo una sala de cine privada de 30 butacas que se alquila para proyecciones particulares, estrenos, eventos y celebraciones. A esa oferta se suma la cafetería, concebida como un espacio de encuentro vecinal donde prolongar la experiencia más allá del visionado de películas.
Depares recuerda que en los primeros años la actividad era muy distinta.
"Había colas en la calle para entrar, para alquilar las novedades o devolver películas" - Aurora Depares, propietaria
Ese papel de proximidad marcó también la etapa de mayor esplendor de los videoclubs en los años 80 y 90, cuando alrededor de estos negocios, explica la propietaria, se generaba comunidad.
Del auge del formato doméstico a la caída del sector
La evolución del consumo audiovisual cambió de forma radical a partir de 2008. Primero con otras formas de acceso al cine en casa y después con la expansión de las plataformas legales. Depares resume así ese giro.
"Después llegaron también las plataformas legales, pero entonces ya estaba todo muy destruido, porque la gente se había acostumbrado a consumir cine sin salir de casa" - Aurora Depares, propietaria
El impacto fue general en toda España. La patronal del sector cifraba en unos 7.000 los videoclubs que existían en 2005. En la última década apenas quedaban unos centenares. En ese contexto, Cine Instan ha resistido hasta convertirse en el decano de un negocio que durante años pareció condenado a desaparecer.
Un catálogo amplio y un público fiel
Entre los títulos más alquilados en Cine Instan siguen apareciendo clásicos como Star Wars, E.T. o Mamma Mia!. Al mismo tiempo, el local mantiene lo que define como un catálogo vivo, con nuevas incorporaciones como One Battle After Another, identificada como ganadora en los Premios Oscar 2026.
La clientela joven sigue siendo minoritaria. Depares atribuye esa ausencia, sobre todo, al desconocimiento de este tipo de espacios.
"Es un tema de desconocimiento" - Aurora Depares, propietaria
Frente al consumo digital, la propietaria defiende el valor añadido de la experiencia presencial.
"El trato personalizado y el hecho de tocar, mirar, socializar y descubrir una película en un videoclub no es comparable a hacer scroll en el sofá, solo, delante de una pantalla" - Aurora Depares, propietaria
El futuro, sostiene, pasa por reivindicar el componente cultural y social del videoclub y por mantener viva una forma de ver cine que, a su juicio, todavía merece la pena en un barrio y en una ciudad donde el contacto directo con la cultura sigue teniendo espacio.