Las impresoras láser a color incorporan desde hace décadas un sistema de seguimiento invisible que permite identificar el número de serie del equipo y la fecha y hora exactas de impresión. Esas marcas, conocidas como puntos de seguimiento o MIC, miden 0,025 milímetros, son de color amarillo y quedan impresas sobre el papel sin que la mayoría de usuarios las detecte.
La paradoja es que una tecnología pensada para combatir la falsificación de billetes terminó convirtiéndose en una herramienta capaz de rastrear documentos filtrados y de comprometer a denunciantes y fuentes periodísticas, mientras millones de personas siguen imprimiendo sin saber que dejan esa huella.
La tecnología nació en los años ochenta para frenar la falsificación
Xerox y Canon desarrollaron este sistema a mediados de la década de 1980. El objetivo inicial era dificultar la falsificación de billetes mediante impresoras láser a color, que ya entonces abrían un nuevo frente para las autoridades encargadas de perseguir ese tipo de delitos.
La existencia de esos códigos no se conoció públicamente hasta 2004. Aquel año, autoridades neerlandesas los utilizaron para rastrear a falsificadores que habían empleado una impresora láser a color.
Un año después, la Electronic Frontier Foundation descifró los patrones y confirmó que almacenaban dos datos concretos, el número de serie de la impresora y el momento exacto en que se había realizado la impresión.
No todas las máquinas aplican el mismo método. Las impresoras de inyección de tinta no suelen utilizar este mecanismo, aunque pueden incorporar otros sistemas de identificación.
Investigadores hallaron patrones en más de cien modelos de 18 fabricantes
Detectar esos puntos no resulta sencillo a simple vista. Para localizarlos hace falta escaneo de alta resolución, inversión de colores, luz ultravioleta, una lupa de alta potencia o un microscopio digital USB.
Investigadores de la Universidad Técnica de Dresde analizaron más de cien modelos de 18 fabricantes y desarrollaron herramientas para extraer, analizar y anonimizar esos patrones. Ese trabajo permitió comprobar hasta qué punto el seguimiento está extendido en impresoras comerciales.
Stephan Escher, informático, resumió ese alcance en una entrevista con Deutschlandfunk.
"Prácticamente todas las impresoras láser a color modernas incorporan algún tipo de sistema de seguimiento" - Stephan Escher, informático, Deutschlandfunk
El mismo investigador añadió que los fabricantes rara vez informan a los usuarios sobre la existencia de estos códigos o sobre su funcionamiento. Esa ausencia de información es uno de los puntos que más critican las organizaciones de privacidad.
Esas entidades cuestionan la falta de transparencia porque la tecnología permite rastrear documentos filtrados e identificar a personas que denuncian irregularidades o facilitan información a periodistas.
Hoy, pese a que el sistema lleva más de cuarenta años en uso, millones de personas imprimen sin conocer esa huella digital invisible que queda fijada en cada documento mediante puntos amarillos de 0,025 milímetros.