Girona acogió una jornada centrada en el cuidado emocional de los profesionales que atienden a personas vulnerables, con un mensaje compartido por entidades sociales y responsables de salud pública: el apoyo psicológico existe en muchos casos, pero todavía depende en exceso de recursos internos y de la iniciativa de cada organización.
La paradoja que atraviesa el sector apareció pronto en el debate. Quienes sostienen la atención directa a colectivos en situaciones complejas reclaman que su propio cuidado deje de ser algo accesorio, pese a que los indicadores sobre malestar y desgaste llevan años empeorando.
La salud mental de las trabajadoras sociales empeoró tras la pandemia
Coral Fernández, gerente de Galatea, situó el foco en el impacto del trabajo diario sobre la salud mental de estos profesionales. Explicó que la mayor parte de los malestares detectados en el sector están vinculados al ambiente laboral, la sobrecarga, los turnos, los problemas relacionales y la falta de recursos.
Los datos expuestos en la jornada muestran ese deterioro. El porcentaje de trabajadores sociales que consideraba su salud mental regular o mala pasó del 12% antes de la pandemia al 27% en julio de 2020 y al 34% en otoño de 2021.
A eso se suma el desgaste acumulado en el día a día. Entre el 45% y el 70% de las trabajadoras sociales presentan niveles moderados o elevados de burnout, mientras que un 57% registra desgaste emocional alto, un 62% actitudes de despersonalización y un 20% sentimientos de baja realización personal.
Fernández añadió que Galatea atendió a 5.300 profesionales antes de la pandemia y a 19.500 en los cinco años posteriores. En esos registros, las enfermeras y los trabajadores sociales concentran más casos de autopercepción negativa que otros perfiles, por delante de médicos, farmacéuticos y veterinarios.
Las entidades ya ofrecen apoyo interno, pero piden que deje de depender de cada organización
Las organizaciones no gubernamentales ya asumen de forma interna parte de ese acompañamiento psicoterapéutico. Lo hacen con sesiones específicas o con unidades creadas expresamente para atender a sus plantillas, y Suara dispone de la plataforma online Benestarum para el cuidado emocional de sus trabajadores.
Marina Valladares, de la fundació SERGI, defendió que ese apoyo debería estar garantizado de forma estable para toda la atención directa.
"Todas las personas que trabajamos con personas deberían tener terapia gratuita" - Marina Valladares, fundació SERGI
Valladares sostuvo que el reto pasa por estructurar ese apoyo psicológico para que no dependa de la buena voluntad y quede fijado de manera definitiva. También subrayó que la confianza resulta clave y que el objetivo es generar entornos seguros donde pueda darse de forma real.
Helena Rodríguez, en nombre de Suara, coincidió en la necesidad de hacer pedagogía porque, a su juicio, la situación no es excepcional y se reproduce en distintos ámbitos. La reclamación compartida en Girona apuntó a convertir el cuidado emocional en una condición ordinaria del trabajo y no en una respuesta puntual.
DipSalut plantea contratos plurianuales para dar estabilidad a las plantillas
Silvia Oliveras, representante de DipSalut, vinculó el bienestar de los equipos con la estabilidad laboral de las entidades que prestan estos servicios. Su propuesta pasó por contratar de forma plurianual con esas organizaciones para dar más continuidad a los proyectos y a las plantillas.
Oliveras remarcó que no resulta sencillo incorporar a una persona de fuera para trabajar con heridas y mochilas acumuladas por los usuarios y por los propios equipos. Añadió que las entidades están aprendiendo a resolver los conflictos de otra manera y que ese cambio requiere tiempo.
Fernández, por su parte, admitió que la financiación pública que recibe Galatea sigue siendo insuficiente. Aunque reconoció una mayor sensibilidad institucional, cerró su intervención con un dato concreto: la integración plena de esta dimensión en el sistema todavía queda lejos.